jueves, 30 de diciembre de 2010

Cable a Tierra.

El otro día me pasó algo muy particular. Contuve el aire, hasta el punto de ponerme casi morada. No sabía si era de impotencia o de tristeza. El habla no me salía, sollozaba sin poder contenerme. Me dolia el pecho, me sudaban las manos. Mis ojos se nublaban cada vez más, por esas lágrimas que buscaban salir. Mi madre me miró y lo único que hice fue respirar profundamente y llorar abrazada a ella.
La abracé como la primera vez que recuerdo y como lo hag casa vez que ocurren cosas tristes.
Ella inmóvil a mi lado, sin decir una palabra, me acariciaba el pelo, como lo hacía cuando era niña.
Luego de un rato, me miró, me secó las lágrimas y me dijo: " Hija, ya pasó, diste todo de ti y me consta. Eres una gran mujer, sé que eres fuerte y puedes con esto. Has podido con más. Eres mi niña grande. Mi princesa crecida. Tú puedes".
Estas palabras, mas los cariños de mi mamá, me devolvieron el alma al cuerpo. Había recibido la peor de las noticias para una universitaria. Reprobé un ramo, lo que no me habia pasado hasta ahora.
Siempre hay alguien ahí para apoyarte y decirte esas cosas que necesitas oír y que te ayudan a volver a tierra.

Doy gracias, que es mi madre la encargada de eso. Siempre aqui a mi lado ¿Qué sería de mi sin mi mamá? Muero. Ella es mi pilar. Mi cable a tierra.

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